En 1985, Angélica Haro de Alba fundó esta Institución al darse cuenta de la vulnerabilidad y falta de protección que viven las personas adultas con daño neurológico. Al mismo tiempo observó la capacidad productiva en potencia con la que cuenta esta población sin oportunidades.

Esto la llevó a crear un lugar donde dichas personas pudieran desarrollarse y con ello integrase a la sociedad. Con el tiempo, la Casita de San Ángel fue creciendo en población debido a las necesidades y a la demanda que existía. Al integrarse Teresa García Gómora, hoy Coordinadora de Capacitación y Producción, se consolidó un equipo de trabajadores, conformados por Angélica, Tere y ocho adultos con daño neurológico.

Como Institución superó las expectativas de población y de producción, sin embargo se enfrentó a grandes retos y obstáculos.

 

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